Falsos mitos a la hora de reconocer las setas venenosas

setas_comestibles_venenosasEl otoño es la estación de las setas y cada vez más gente sale al monte los fines de semana en busca de setas (cogomelos) ya sea para pasar una jornada al aire libre o para encontrar setas con las que preparar deliciosos platos. Pero debido a la toxicidad de muchas especies resulta imprescindible conocer e identificar los diferentes tipos de setas.

“No hay suficiente información. Es complejo reconocer las setas, e incluso a veces los expertos tienen dificultades. Encima, se oye que hay antídotos en internet, que se puede poner una cucharilla de plata a las setas para saber si son comestibles, que si las ingiere un animal no son venenosas, o que si tienen un sabor o un olor agradable se pueden comer, y nada de eso es verdad. Luego pasa lo que pasa”, detallan desde el Instituto Nacional de Toxicología. Y es que estas leyendas urbanas, y más las que existen en los pueblos sobre los métodos caseros para descubrir si una seta es venenosa o no, son totalmente falsos. La única regla válida para no equivocarse es conocer a la perfección las características de cada uno de los ejemplares, tanto los comestibles como los tóxicos.

Aunque aún persisten en la sabiduría popular muchos falsos mitos sobre las setas que conviene erradicar:

 

Cocinar las setas con vinagre y sal elimina las toxinas. Es una gran mentira.

– También es falso que las setas tóxicas ennegrecen los ajos al cocinarlas o la plata de cucharas, anillos o monedas al contacto. El ennegrecimiento de la plata se debe a los componentes de azufre de algunas especies de setas. Pero hay otras como la amanita phalloides, que es mortal, que carece de ese componente y no la ennegrece. Si aplican esta técnica, como ya ha ocurrido, pueden acabar en el hospital, y lo que es peor, en el cementerio.

No es cierto que las setas mordisqueadas por animales sean comestibles para las personas. Ni por supuesto, que las setas que crecen en los prados en dónde pastan los animales no son tóxicas. Los animales tienen un metabolismo diferente al hombre y pueden verse, por ejemplo, setas muy venenosas comidas por limacos.

– Es un peligroso error creer que las setas con sabor agradable, dulce o buen olor son siempre ejemplares comestibles. No tiene que ver con la toxicidad. Por ejemplo, el Entoloma lividum tiene buen aroma y, sin embargo es muy peligroso. De hecho se llama popularmente ‘seta engañosa’.

Otro bulo: si se cortan y cambian de color son tóxicas. No es verdad, pues hay algunas setas como los níscalos o algunos boletos que cambian su tonalidad y son totalmente comestibles.

En relación con lo anterior, no es cierto que todas las setas blancas son comestibles, ya que si fuese así podríamos consumir algunas amanitas tóxicas o mortales como la A. phalloides, A. verna o A. virosa.

Si cojo setas todos los años en el mismo sitio siempre serán buenas. Falso, pueden aparecer otras especies que sean venenosas.

Es falso también que una misma especie de seta sea comestible o tóxica según el terreno o condiciones de humedad de su hábitat. La toxicidad radica en la composición de la seta, independientemente de otros factores externos.

– Es absolutamente falso que una vez cocidas todas las setas pierdan su toxicidad. Aunque pueda ser cierto en algunas especies, no es una regla válida. Desecharla.

– Es falso que las setas que crecen en los árboles (sobre madera) sean siempre comestibles. Aunque son muy pocas, también hay algunas especies tóxicas que se desarrollan en los árboles.

– Es más que falso que las setas que crecen en grupos apiñados sean comestibles. También hay especies dañinas que crecen en ‘flotas’.

Algunas de estas creencias populares han sido históricamente responsables de infinidad de intoxicaciones. También es importante a la hora de consumirlas que los ejemplares estén frescos y sanos, ya que algunas setas de especies comestibles pueden resultar tóxicas o indigestas, dependiendo de la sensibilidad del individuo, si se encuentran en malas condiciones de conservación.

Más del 90% de los casos de intoxicaciones se producen en personas que se aventuran a recolectar ejemplares sin los conocimientos suficientes ya que el que conoce el mundo de la micología es muy difícil que se intoxique de forma grave. El perfil típico de una persona intoxicada por setas es “un adulto en un fin de semana de otoño en una comida con familia o amigos”, ya que este alimento se suele “tomar en grupo”.

 

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